
Las universidades hablan mucho de sostenibilidad. Hay cursos sobre cambio climático, semanas ambientales, declaraciones institucionales sobre el Acuerdo de París. Pero ¿cuántas universidades saben cuánto emiten? ¿Cuántas han medido con rigor sus propias emisiones de gases de efecto invernadero antes de pedir cambios hacia afuera?
El proyecto Huella de Carbono UAM-Cuajimalpa parte de esa pregunta incómoda —y necesaria. Antes de aspirar a ser un referente de sostenibilidad territorial, la universidad debe conocer su propio impacto ambiental. Medir es el primer acto de responsabilidad.
¿Qué es la huella de carbono de una institución?
La huella de carbono institucional es un indicador que cuantifica las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas directa e indirectamente por las actividades de una organización. El estándar metodológico más utilizado a nivel internacional es el Protocolo GHG (GHG Protocol), que organiza las emisiones en tres categorías o ‘alcances’:
Alcance 1 — Emisiones directas bajo el control de la institución: combustión de combustibles en instalaciones propias, vehículos institucionales, fugas de gases refrigerantes.
Alcance 2 — Emisiones indirectas por consumo de energía eléctrica adquirida externamente.
Alcance 3 — Emisiones indirectas asociadas a la cadena de valor: transporte de la comunidad universitaria, residuos generados, viajes de trabajo, compras de bienes y servicios.
Fuente: GHG Protocol / Climate Partner. ‘Guía completa para entender las emisiones de alcance 1, 2 y 3’. climatepartner.com
¿Por qué importa que las universidades se midan?
Las instituciones de educación superior tienen un papel estratégico en la crisis climática que va más allá de su función formativa. Son organizaciones con campus físicos que consumen energía, generan residuos, movilizan miles de personas diariamente y compran bienes y servicios. Su huella ambiental es, en muchos casos, equivalente a la de una pequeña ciudad.
Pero hay una razón adicional: la autoridad moral. Una universidad que investiga y enseña sobre cambio climático tiene una responsabilidad particular de conocer y reducir su propio impacto. Sin esa coherencia, el discurso institucional pierde credibilidad frente a sus propias comunidades.
Fuente: Montoya García, Y. / UAEMéx. ‘Investigación sobre huella de carbono en universidades mexicanas’. capitaledomex.com.mx. Junio 2025.
El caso UAM-Cuajimalpa: primeros pasos
El proyecto de Huella de Carbono UAM-Cuajimalpa, coordinado desde LabCit, se propone construir el primer inventario completo de emisiones de GEI del campus, siguiendo la metodología del GHG Protocol. Este inventario incluirá emisiones de alcance 1 y 2 —más accesibles y controlables— así como una primera aproximación al alcance 3, que en el caso de una universidad representa la fuente más significativa de emisiones: la movilidad cotidiana de estudiantes, docentes y trabajadores.
El proceso no es solo técnico: implica sensibilizar a la comunidad universitaria sobre la importancia de la medición, construir capacidades internas para su continuidad y, sobre todo, usar los resultados como punto de partida para una estrategia de reducción real. Medir sin actuar sería un ejercicio vacío. Actuar sin medir, un salto al vacío.
Si quieres participar en el proyecto o conocer más sobre la encuesta de movilidad que está activa, escríbenos a: proyectohuelladecarbono@cua.uam.mx


