En mayo de 2025, 21 universidades mexicanas firmaron la Declaratoria Nacional de Compromiso Climático, convocadas por la UNAM y el Tecnológico de Monterrey. El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, fue explícito: las universidades no pueden ser neutrales ante la emergencia climática. Esta crisis, agregó, no es un problema ambiental, sino una cuestión de justicia intergeneracional, equidad social, soberanía científica y profundización democrática.
Fuente: UNAM / Gaceta UNAM. ‘Convocadas por UNAM y Tec de Monterrey, 21 universidades firman la Declaratoria Nacional de Compromiso Climático’. Mayo 2025. gaceta.unam.mx
La pregunta que plantea el proyecto de Huella de Carbono UAM-Cuajimalpa es la siguiente: ¿qué compromisos concretos puede asumir una universidad pública autónoma, con recursos limitados y una misión social clara, en este contexto de emergencia? ¿Cuál es la diferencia entre suscribir una declaratoria y convertirse en un campus genuinamente en transición?
El movimiento universitario latinoamericano por la sostenibilidad
La firma de compromisos climáticos por parte de universidades no es un fenómeno exclusivamente mexicano. En toda América Latina, instituciones de educación superior están construyendo hojas de ruta para reducir sus emisiones, transformar sus campus y alinear su investigación con los desafíos del cambio climático. El proyecto CEELA, por ejemplo, propone transformar los campus universitarios latinoamericanos en sitios de cero emisiones para 2030, estableciendo redes de aprendizaje entre instituciones comprometidas.
Fuente: UNESCO IESALC. ‘Universidades Latinoamericanas lideran la acción climática con proyectos transformadores hacia campus cero emisiones’. Diciembre 2024. iesalc.unesco.org
En ese marco, las propuestas concretas van desde la gestión energética y la movilidad sostenible hasta la alimentación y los residuos. Investigaciones sobre huella de carbono en universidades latinoamericanas muestran que las fuentes de emisión más significativas suelen ser el consumo eléctrico (alcance 2) y el transporte de la comunidad universitaria (alcance 3), con oportunidades claras de reducción a través de energías renovables, movilidad activa y gestión de residuos.
Fuente: South Sustainability / Revistas Científica. ‘Universidades líderes en sostenibilidad: un análisis de las iniciativas de huella de carbono en Latinoamérica’. Vol. 4, No. 2.
De la declaratoria al campus: qué cambia
Una declaratoria es un gesto público de compromiso. Es importante, pero no suficiente. Lo que distingue a las universidades que están realmente en transición es el trabajo que ocurre después de la firma: el levantamiento de datos, la identificación de fuentes de emisión prioritarias, el diseño de estrategias de reducción con metas concretas, la comunicación transparente de los avances y los retrocesos.
El trabajo que desarrolla LabCit con el proyecto de Huella de Carbono UAM-Cuajimalpa se inscribe en esa lógica: construir las bases técnicas y comunitarias para que el campus no solo declare su compromiso, sino que pueda demostrarlo con datos, con políticas y con transformaciones verificables. La transición no comienza en la firma; comienza en la medición.
El papel de la comunidad universitaria
Una de las lecciones de las universidades que han avanzado más en esta agenda es que la transición no puede ser solo institucional: requiere involucramiento activo de estudiantes, docentes, investigadoras e investigadores y personal administrativo. La encuesta de movilidad que ha impulsado el proyecto en UAM-Cuajimalpa es un primer paso en esa dirección: hacer de la medición un ejercicio colectivo, donde cada miembro de la comunidad aporta datos y, al hacerlo, se vuelve parte de la solución.



