Hay una pregunta que atraviesa todo el trabajo de LabCit, aunque no siempre se formula explícitamente: ¿hacia qué futuro estamos transitando? La respuesta no puede venir solo de los expertos, ni de los modelos computacionales, ni de los documentos de política pública. Si las transiciones son procesos que ocurren en territorios habitados por comunidades concretas, entonces los futuros de esas transiciones también deben ser pensados, debatidos y elegidos con esas comunidades.
Eso es, en esencia, la apuesta de los estudios de futuro aplicados al trabajo territorial: no predecir lo que va a ocurrir, sino expandir el horizonte de lo posible y acompañar a las comunidades en la construcción de los futuros que prefieren.
¿Qué son los estudios de futuro?
Los estudios de futuro —también llamados prospectiva o foresight en sus distintas tradiciones— son un campo interdisciplinario que busca explorar, anticipar y diseñar futuros posibles, probables y deseables. A diferencia de la predicción, que asume que el futuro está determinado por el pasado, los estudios de futuro trabajan con la incertidumbre como condición de posibilidad: el futuro no está escrito, y eso significa que puede ser influido.
Fuente: Bell, W. Citado en: ‘Breve historia de los estudios de futuro’. Adyacente Posible. adyacenteposible.com. 2024.
La prospectiva como disciplina de las ciencias sociales permite analizar sistemas complejos, identificar tendencias e incertidumbres, construir escenarios y analizar sus implicaciones estratégicas. En América Latina, la prospectiva tiene una historia propia, con desarrollos específicos que buscan pensar la temporalidad y los futuros latinoamericanos desde sus propias condiciones históricas, culturales y políticas.
Fuente: Patrouilleau, M.M. ‘Prospectiva y estudios del futuro. Epistemologías y experiencias en América Latina’. UNLP, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. memoria.fahce.unlp.edu.ar
La Cátedra UNESCO y la perspectiva de LabCit
El trabajo de LabCit se desarrolla en diálogo con la Cátedra UNESCO en Estudios de Futuro de la UAM Cuajimalpa, un espacio académico que ha contribuido a articular la tradición prospectiva con las agendas de investigación sobre ciudades, territorios y transiciones. Desde esa perspectiva, los estudios de futuro no son un ejercicio de anticipación tecnológica, sino una práctica social y política: una forma de ampliar la imaginación colectiva sobre lo que es posible.
La UNESCO, por su parte, ha reconocido la importancia de los estudios de futuro como disciplina en expansión, con aplicaciones que van desde la planificación estratégica hasta la educación y la gobernanza territorial.
Fuente: ThinkEPI / Scimagoepi. ‘Los estudios de futurización: ¿moda o consolidación?’. thinkepi.scimagoepi.com. 2024.
Futuros situados: imaginar desde el poniente
¿Cómo se aplica todo esto al trabajo concreto de LabCit en el poniente de la CDMX? De muchas formas posibles, pero hay una que resulta especialmente potente: el trabajo con los productores y las comunidades para imaginar juntos cómo quisieran que fuera su territorio en diez, veinte o treinta años.
¿Qué quieren preservar? ¿Qué quieren transformar? ¿Cómo ven la relación entre su actividad productiva y el crecimiento de la ciudad? ¿Qué condiciones necesitan para que sus hijas e hijos puedan seguir produciendo en ese territorio si así lo eligen? Estas preguntas no tienen respuestas únicas ni correctas: tienen múltiples respuestas posibles, y el proceso de construirlas juntos es tan valioso como el resultado.
Diseñar la transición, no solo sufrirla
La diferencia entre una comunidad que sufre una transición y una que la diseña no es solo de poder: es también de imaginación. Las comunidades que han podido construir visiones compartidas de su futuro —aunque sea de forma parcial e imperfecta— están en mejores condiciones de reconocer sus recursos, organizarse y negociar con otros actores. El trabajo de LabCit, en ese sentido, no termina en el mapa ni en el bazar ni en el inventario de emisiones: termina —si es que termina— cuando las comunidades con las que trabajamos tienen más herramientas para imaginar y construir los futuros que quieren.
Ese es el horizonte desde el que trabajamos. Y también el que nos mantiene trabajando.


